El proyecto de binomios caninos de Haras cumple un año más de labor ininterrumpida, gracias al empeño y lealtad de los canes que lo integran, así como el cuidado y guía de sus guardias responsables que trabajan junto a ellos; y es un vivo ejemplo de cómo éstos ejemplares agradecen el que se les haya adoptado después de vivir una situación de calle. El equipo lo conforman cuatro valientes caninos: Hachi, Mouse, Negra y Lobo, tras la sentida ausencia de Scooby, quien ya no está en el grupo.

Este programa cumple cuatro años, y nació gracias a la iniciativa de una conocida vecina del fraccionamiento, Georgina León, toda una altruista y animalista del Clúster Fincas, quien rescató a estos perritos para darles una ocupación, pertenencia y mejor vida por medio de la adopción e integrarlos al cuidado del residencial en las zonas comunes que más lo requieren.

Con el paso de los años, los canes han tomado su trabajo con una responsabilidad admirable; conocen perfectamente su función y la han optimizado de manera natural. Su labor principal es al caer la noche. Un ejemplo de esto es cuando los vehículos ingresan al fraccionamiento, ahí los perros se mantienen en máxima alerta e instintivamente impiden que los ocupantes desconocidos desciendan de las unidades, además de realizar los ya acostumbrados rondines nocturnos.
Es curioso, pero las tareas están perfectamente divididas por el instinto de cada agente: Lobo y Mouse son los encargados de la vigilancia directa ante ruidos o personas extrañas, siendo los dos perros que más frente hacen al peligro y a los desconocidos. Por su parte, Hachi y la Negra, se especializan en las labores de acompañamiento y en ahuyentar a perros callejeros o fauna silvestre que ronda el perímetro, comentan los vigilantes.

Para el cuerpo de seguridad de la entrada sur, conformado por los guardias José Luis Bonilla, Pablo Onofre y Emilio Ulises Martínez, así como para Auton Valente Flores en la zona de Quintas, quien hace equipo directamente con Lobo, la presencia de estos agentes es invaluable.

“Nos sentimos tranquilos y acompañados; nos dan cuidado y se siente uno respaldado. Si a lo lejos hay alguien merodeando, los perros van por delante, te alertan y te avisan”, declara Pablo Onofre.
Esta ayuda resulta vital en la entrada sur, una zona que por las noches suele ser muy oscura y que frecuentemente se ve afectada por la neblina y la lluvia. En esas condiciones inhóspitas, los sentidos de los perros captan riesgos que para el humano serían difíciles de detectar.
HISTORIAS DE LEALTAD Y EL MECANISMO DE ALERTA POR UN SILBATO
Cada uno de los agentes caninos tienen sus historias de trabajo. Destaca el caso de Lobo, quien custodia la zona de Quintas, generalmente le gusta dormir fuera de su casa, en la intemperie. Su valentía es muy conocida, es bravo con los intrusos. En una ocasión dominó y ahuyentó a un Pastor Alemán de gran tamaño que rondaba la zona de Quintas. Destacando además que, durante los rondines, entra minuciosamente a las propiedades para verificar que no haya anomalías.

Tan sólo Lobo con un silbatazo se pone en estado de alerta y comienza a ubicar a su guardia acompañante, mientras que una serie de silbatazos seguidos le indica una situación de riesgo, provocando que corra a respaldar al vigilante que solicita el apoyo. La llegada de Lobo para ser binomio canino es de sorprender. Cuando sus antiguos dueños al verlo convertido en vigilante regresaron por él, destacó que el gran can se negó rotundamente a irse con ellos.

Su compañero Mouse es de igual comportamiento, todo un perro atento al peligro. Mouse junto con Hachi y la Negra, vigilan la entrada sur y tienen sus propias historias, solo que estos dos últimos por su edad, solo respaldan a los vigilantes en los recorridos, y son excelentes para detectar situaciones extrañas.

Cabe destacar que los 4 integrantes caninos no necesitaron de un entrenador permanente, se adecuaron y auto-adiestraron por completo a las necesidades de los vigilantes, incluso son capaces de esperar la orden antes de tocar su plato de comida y responden con precisión al silbato de seguridad.
EL RECONOCIMIENTO DE LA COMUNIDAD
El efecto de estos guardianes de cuatro patas ha generado un lazo muy fuerte con el residencial. Los colonos de Haras ya los conocen por su fama, pasan constantemente a visitarlos y les llevan alimento. Georgina León constantemente está pendiente de ellos y a su vez extiende un agradecimiento especial a Don Carlos Haghenbeck, quien otorgó las facilidades para establecerlos en la zona, brindándoles condiciones dignas, mandando a construir para los caninos una casa de cemento con tejas, asegurando que estén perfectamente resguardados ante las inclemencias del tiempo.
Imágenes: Gerardo Baez
